La educación en los valores del servicio y entrega.
El valor intangible de la vida humana, del cuidado de los enfermos
en fases críticas y terminales y de la necesidad de reescribir la
"gramática" del hacerse cargo y cuidar a la persona que sufre.
"Hoy en día se
evalúa al hombre sólo en nombre de la utilidad mientras que se pierden los "deberes
imperativos de la solidaridad y la fraternidad".
"No
abandonar jamás a nadie", enfatiza Francisco, "en presencia de males
incurables". La vida humana, por su destino eterno, conserva todo su valor
y toda su dignidad en cualquier condición, incluso de precariedad y fragilidad,
y como tal es siempre digna de la más alta consideración".
«No se considera ya a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, especialmente si son pobres o discapacitadas, si “todavía no son útiles” —como los no nacidos—, o si “ya no sirven” —como los ancianos—.
El sentarse a escuchar a otro, característico de un encuentro humano, es un paradigma de actitud receptiva, de quien supera el narcisismo y recibe al otro, le presta atención, lo acoge en el propio círculo. Pero «el mundo de hoy es en su mayoría un mundo sordo. […] A veces la velocidad del mundo moderno, lo frenético nos impide escuchar bien lo que dice otra persona. Y cuando está a la mitad de su diálogo, ya lo interrumpimos y le queremos contestar cuando todavía no terminó de decir. No hay que perder la capacidad de escucha»
Expresó
lo esencial de una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a
cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo
donde haya nacido o donde habite.
El ser
humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede
encontrar su plenitud «si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás»
Amor a la patria y amor universal: la amistad social dentro de una sociedad es una condición -necesaria- de posibilidad de una verdadera apertura universal. No se trata del falso universalismo de quien necesita viajar constantemente porque no soporta ni ama a su propio pueblo. Quien mira a su pueblo con desprecio, establece en su propia sociedad categorías de primera o de segunda clase, de personas con más o menos dignidad y derechos. De esta manera niega que haya lugar para todos.
No nacionalismos:
La historia da muestras de estar volviendo atrás. Se encienden conflictos anacrónicos que se consideraban superados, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos. En varios países una idea de la unidad del pueblo y de la nación, penetrada por diversas ideologías, crea nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social enmascaradas bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales.
La verdadera calidad de los distintos países del mundo se mide por esta capacidad de pensar no sólo como país, sino también como familia humana, y esto se prueba especialmente en las épocas críticas. Los nacionalismos cerrados expresan en definitiva esta incapacidad de gratuidad, el error de creer que pueden desarrollarse al margen de la ruina de los demás y que cerrándose al resto estarán más protegidos.
Sin embargo, todavía hay quienes parecen sentirse alentados o al menos autorizados por su fe para sostener diversas formas de nacionalismos cerrados y violentos, actitudes xenófobas, desprecios e incluso maltratos hacia los que son diferentes.
(Papa
Francisco)
Comentarios
Publicar un comentario